La sabiduría nos persigue, pero nosotros corremos más rápido.

(Inscripción de un autor anónimo en una de las murallas de la ciudad)

Porqué escoger esta frase y no otra de las miles de frases célebres que existen y de personalidades que han marcado la historia del pensamiento como puede ser Sócrates, Quevedo, Rousseau, Sartre entre otros muchos que me vienen a la mente…Pues bien, porque la sabiduría puede residir entre cualquiera de nosotros a condición que nos abramos hacía ella por muy incomoda que sea, por muy impertinente a veces o por muy orgullosa, pero siempre tan imprescindible y tan difícil de alcanzar y de seducir…

Voy a intentar no correr tan rápido, coger el paso de la sabiduría y andar al lado o al menos pedirle el permiso de hacerlo. Por ello empezare a compartir mis pensamientos respaldada por el autor anónimo…

domingo, 7 de febrero de 2010

Carpe diem

Me considero una persona tecnológicamente avanzada a más no poder (nunca mejor dicho ya que el poder en este caso está sujeto a las limitaciones económicas)… pero tampoco soy fan de gadgets y no persigo cualquier novedad en el mercado con el ansia de superarme a mi misma y deslumbrar a los demás y poco importa si me aclaro cómo funciona el gadget de turno con tal de exhibirlo cada dos por tres con la frase tipo “Todavía no me he puesto con él”.

Sería apropiado describirme a mi misma como una persona socialmente integrada en las redes de todo tipo, a lo que añado que conocí a mi actual marido por Internet a miles de kilómetros de distancia hace muchos años. Fui una de las pioneras de encuentros online.

Hoy en día las redes sociales se diversifican, cada vez tienen más presencia en nuestras vidas, cada vez pasamos más el tiempo delante del ordenador tecleando nuestros pensamientos, sentimientos, secretos, imaginaciones y muy a menudo nos desnudamos las almas con mucha más facilidad a través de la pantalla que en vivo y en directo. Los tabues son menos acusados a través de la pantalla que en una conversación o el comportamiento diario… En fin, preferimos ser nosotros mismos pero que no nos vean la cara, antes de asumir lo que somos y vivir acorde con ello. Admiro a las pocas personas que lo hacen más allá del ordenador.

Es un fenómeno extraño, porque a la vez que uno se siente rodeado de gente en la red, en realidad, cada vez nos alejamos más de la gente, de nosotros mismos, de momentos placenteros, de oír una voz que puede suscitar sentimientos cálidos, de escuchar una idea acompañada con un gesto que en sí explica mucho más allá que la idea misma…
De ver la mirada del interlocutor, la sonrisa en los labios, o la crispación del desacuerdo e impaciencia de llegar a terminar una conversación. Vaya, la red nos priva de lo real, sentido, visto, oído, tocado…

Claro está que la red ayuda a mantener el pulso a los acontecimientos que surgen en las vidas de nuestros conocidos, amigos, parientes que por circunstancias de la vida viven alejados de nosotros… ¿Pero y los que están cerca?

Pues los que están cerca viven la vida corriendo de un lado para otro, crean ocupaciones y preocupaciones a veces poco, por no decir de ninguna forma, justificadas y nunca tienen tiempo a parar y respirar hondo… Mirar alrededor suyo, disfrutar del amanecer, de una nube, del susurro de las hojas de un árbol en el parque…

Cuando a diario cojo el tren, veo que la gente está oyendo música con ojos cerrados, o lee (que esto está muy bien, mientras no sean la prensa rosa y puramente deportiva ya que priva el cerebro de su desarrollo y adormece a las neuronas, en algunos casos las pocas que quedan por sobrevivir), pero en su gran mayoría y sobre todo los hombres, están absorbidos en los juegos electrónicos, móviles, portátiles… Y mientras, por las ventanas del tren se ve el amanecer… un día nuevo, desconocido, lleno de retos o de frustraciones, de indiferencia o de pasión, pero en todo caso un día que no se repetirá, ni el amanecer será el mismo…

Carpe diem quam minimum credula postero (Aprovecha el día, no confíes en mañana) como bien dijo Horacio…

Perdemos mucho tiempo en realidad en esta era tecnológicamente avanzada… Corremos cada vez más rápido, nos proponemos metas cada vez más difíciles de alcanzar, nuestros egos nos dominan cada vez más, y mientras los placeres sencillos de la vida como puede ser el olor del café recién molido, un buen vino y una buena conversación acompañado con una música suave, el olor de la lluvia, el canto de un pájaro o la inmensidad del horizonte quedan casi olvidados…

2 comentarios:

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  2. Es la crónica de una vida que alguien se olvidó de vivir. Gracias por invitar a recordar que esperar a mañana para disfrutar es no hacerlo jamás. Aprovecho para dejar aquí unas líneas de un pensador:

    "(...)un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración... Y así siguen hasta el final del viaje (...)"

    Eso sí, no quiero terminar el comentario sin romper una lanza en favor de aquellos que, de cuando en cuando, olvidamos mirar por la ventana. No pasa nada, mañana miraremos. Ups, se me olvidaba... mañana no existe. ¡Qué gran verdad!

    A mirar se ha dicho.

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