La sabiduría nos persigue, pero nosotros corremos más rápido.

(Inscripción de un autor anónimo en una de las murallas de la ciudad)

Porqué escoger esta frase y no otra de las miles de frases célebres que existen y de personalidades que han marcado la historia del pensamiento como puede ser Sócrates, Quevedo, Rousseau, Sartre entre otros muchos que me vienen a la mente…Pues bien, porque la sabiduría puede residir entre cualquiera de nosotros a condición que nos abramos hacía ella por muy incomoda que sea, por muy impertinente a veces o por muy orgullosa, pero siempre tan imprescindible y tan difícil de alcanzar y de seducir…

Voy a intentar no correr tan rápido, coger el paso de la sabiduría y andar al lado o al menos pedirle el permiso de hacerlo. Por ello empezare a compartir mis pensamientos respaldada por el autor anónimo…

martes, 24 de agosto de 2010

Lo que yo haga o deje de hacer es entre Dios y yo…

Viernes, 13 de agosto… una cena en un restaurante libanés en Paris, en los alrededores de Montparnasse… me gusta mucho la comida libanesa, la descubrí hace años y desde entonces no me canso en degustar sus delicias… y Paris ofrece lo más auténtico después del país de los cedros…

Era el comienzo de Ramadán y toda la comunidad musulmana, o al menos, los que creen o dicen que creen, tienen la obligación de seguir el ayuno tal como se exige en el Islam.

Una pareja al lado de nuestra mesa… él de aspecto y acento norteafricano, ella sin definición… cuando el mêtre del restaurante les preguntó por la bebida, refiriéndose a las bebidas con cierto grado de alcohol… el norteafricano le preguntó a su vez si guardaba el Ramadán… a lo que contestó “no, de todas formas no contaba con ir al paraíso”… (si es que existe además y no es una creación de un hombre para engañar a otro hombre y ejercer cierto poder e influencia en los hábitos, formas de vida, de ser, de sentir y de vivir la vida…).

La verdad es que la contestación del mêtre me pareció la más adecuada, sobre todo porque guardar o no el ayuno es un asunto privado de cada uno. Es decir es un asunto entre el Dios y la persona en cuestión… Cierto es que muchos guardarán el ayuno estos días por la creencia o porque simplemente así lo exige el entorno, pero creo que el gran logro de al menos una sociedad que se denomina a si misma como laica, es dejar que cada cual ejerza sus creencias según le parezca sin presiones ni persecuciones, sin esconderse ni mentir… y sobre todo que a cada uno le dejen hacer lo que quiera mientras no haga daño a nadie con ello, sin imponer ni dictar la voluntad de Dios (o Allah) porque no creo que Dios se ponga a pensar que tipo de comida hay que prohibir y qué es lo que hay que ingerir…es más, viendo como va el mundo desde su creación, pienso que Dios tiene muchas otras preocupaciones y problemas a solucionar si es que están en sus manos. Y no creo que elegiría como emisarios de su palabra a unos barbudos con pocas luces en sus miradas para hacer llegar su palabra…

Pero volviendo a unos valores de una sociedad laica y libre: para mantenerla libre y armoniosa a cada pseudo predicador de las palabras de Dios (o más bien de las reglas impuestas por los humanos) hay que dar una respuesta digna de aplausos como en este caso fue el de mêtre… Porque si no se para a estos pseudo defensores a tiempo, pues pueden apoderarse de las pequeñas parcelas de nuestra libertad lograda con mucho esfuerzo y sangre…

Conocí hace unos años a un uzbeco que venía a España para gestionar asuntos relacionados con la caza mayor en Uzbekistan… aun si la práctica en sí me parece algo cobarde conociendo cómo se caza e indignante sabiendo lo que se paga por una licencia…y ya no hablo de la caza furtiva que hace mucho daño…
Pues el uzbeco, buen musulmán porque él mismo lo decía con todo el orgullo del mundo, no se privaba de un buen vino… es más… a sus posibles clientes españoles les pidió que le llevaran al restaurante “Casa Duque” en Segovia para comer ¿qué? no, no… no un cordero, sino un cochinillo porque así le recomendó su padre y es más, antes de volver a su querido Uzbekistan, compró una pata de jamón para llevarla a su padre… Yo, ante tanta “frivolidad” religiosa le pregunté de forma muy discreta que si no le resultaba algo extraño compaginar su creencia bastante restrictiva con los gustos gastronómicos tan “libertinos”… el buen hombre me soltó una frase que merece quitar el sombrero: “Lo que yo haga o deje de hacer es asunto entre Dios y yo”…

Personalmente me hubiera gustado ver más gente como el uzbeco y no a los barbudos que vi en la televisión francesa estatal hablando de las comidas “halal” (entre otras cosas, es la forma de desangrar al animal) y el Ramadán… menos barbudos con pocas luces y más gente con claridad en su relación entre el Dios y ellos… sin intrusos, por favor…

Y no quiero que se me malinterprete… comer carne de cerdo y tomar vino no es una panacea de libertad de miras contra el obscurantismo del fanatismo islámico, pero francamente entre lapidar a una mujer por adultera y tomar vino prefiero que se tome el vino… y que se alegre uno y que aprecie la belleza de la vida, de las mujeres y de la libertad… “in vino veritas”…

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